Capítulo 9
Estaba soleado, tanto, que Grachi tenía que taparse los ojos. Sus nudillos golpearon la puerta de Matilda y se preparó mentalmente para verla.
—¿Qué haces tú en mi casa, estúpi–?
Grachi solo rodó los ojos.
—Necesito hablar contigo. Y seriamente, ¿puedo pasar?
Matilda se cruzó de brazos y asintió con enojo. Grachi entró a la casa y suspiró cuando Matilda la incitó a hablar.
—Necesito que me dejes en paz. No tengo la culpa de lo que sea que siente Daniel, tampoco tengo la culpa de cómo te haya tratado. Pero necesito que simplemente me dejes en paz. No te he hecho nada, absolutamente nada y estoy harta de tus conjuros, de tus miradas, de todo.
Matilda simplemente se rió burlona.
—No, Grachi… desde que llegaste mi vida se volvió miserable y todo es tu culpa. Así que no será tan fácil que te deje en paz.

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